domingo, 20 de noviembre de 2016

AISLAMIENTO EN EL GRUPO

La actividad en la que me voy a detener es la de los resultados de un sociograma en un grupo que no presenta aparentes problemas de acoso, pero sí algún caso de aislamiento en el grupo-clase. 

Con los datos ofrecidos por el informe, sabemos que de los 29 alumnos, aproximadamente el 40% son chicas. Me gustaría abrir una línea de reflexión para saber si este dato es relevante o no: ¿los grupos con más chicas son más protectores y con menor tendencia al acoso entre los alumnos?; o en otros términos, ¿hay más acoso en los grupos en los que hay más chicos? ¿O más índice de acosados de perfil pasivo? En definitiva, ¿hasta qué punto influye la cuestión del género en la incidencia del acoso, el tipo de acoso, el perfil del acosado...? Y más importante: ¿hasta qué punto influyen nuestras categorías culturales sobre los géneros para entender el acoso, tanto desde nuestra percepción de adultos, la de los propios afectados, el entorno de los alumnos y alumnas...? Sería un buen punto para tener en cuenta. 

Yendo más a la cuestión de cómo actuar en un grupo en el que no se da acoso explícito, pero sí aislamiento (paso previo al acoso, aunque no determinante, podemos decir), creo que una buena manera de actuar en el grupo es a través de la acción tutorial. Es decir, el tutor, junto con el equipo de orientación y con el apoyo y conocimiento del equipo directivo, puede iniciar una serie de tutorías dedicadas a la integración y cohesión del grupo. 

Por qué un alumno está aislado de los demás, puede deberse a muchos motivos, de tipo individual y social. Entrevistarse con ese alumno con el objetivo de conocer su marcha académica, sus problemas con las asignaturas y su grado de bienestar (o malestar) en la clase, puede ser un buen punto de partida para reconocer después las causas de dicho aislamiento, trabajando también la entrevista individual con los alumnos que han surgido como más amables y con más efecto de poder social en la clase. 

Para reconocer las causas del aislamiento, habiendo oído al individuo en cuestión y a los alumnos que favorecen el buen clima de la clase, habría que fijarse en la situación socioeconómica, académica, física e intelectual del alumno, e incluso en circunstancias como "ser el nuevo de la clase", o en el barrio, o tener un aspecto diferenciado, una minusvalía, no dominar el idioma, etc. 

Sean las razones que fueren, lo que es evidente es que dichas razones hacen de un alumno un individuo diferente y aparte de los demás. Las tutorías deberían, pues, centrarse en el trabajo de la empatía mediante la discusión de cortos animados, casos que puedan ser objeto de lectura y discusión, la manifestación y reconocimiento de los sentimientos en los demás, así como la elaboración y propuesta de sencillos juegos que potencien el conocimiento entre los alumnos y el descubrimiento de sus similitudes y diferencias. Otra estrategia también puede ser la vía de los juegos cooperativos, el establecimiento de grupos de tareas en la clase, y, ya como otro apoyo no menor, un salida extraescolar en la que los alumnos puedan convivir fuera del contexto de la clase, en un ambiente más relajado, distendido y amistoso que rompa con las dinámicas que a veces se forman entra las cuatro paredes de la clase de estudio. 

El establecimiento de un grupo de alumnos ayudantes, escogidos o propuestos entre los que han surgido como más valorados, es otra de las medidas que se pueden tomar para prevenir los conflictos y asegurar el buen clima de la clase. 

Por último, se podría favorecer un cambio de distribución de los alumnos en el aula de manera que el potencialmente aislable quedara rodeado de niños o niñas que integrasen el grupo de los ayudantes, y de otros susceptibles de no perjudicarle. 

Más allá de las fronteras de la clase de tutoría, habrá que entrevistarse con la familia para conocer su situación, tanto en lo socieconómico como en lo afectivo, y tratar de entender y paliar con ellos la situación de aislamiento de su hijo. 

Para resumir, mi análisis del problema sería el siguiente:
-Se da un caso de aislamiento que puede desembocar en un potencial acoso, pero que, de cualquier manera e independientemente de las causas, resulta en una situación en la que el alumno está debilitado respecto al grupo.

Y las actuaciones que habría que considerar, las que expongo a continuación:
-Análisis del sociograma
-Entrevista con el alumno en cuestión
-Entrevista con los alumnos mejor valorados
-Entrevista con la familia del alumno
-Puesta en conocimiento de la problemática al equipo directivo y al equipo de orientación
-Diseño de una serie de tutorías sobre la empatía y el conocimiento en el grupo
-Creación de grupos de tareas en clase
-Creación del grupo de alumnos-ayudantes para prevenir conflictos y detectarlos en su caso
-Nueva disposición de los alumnos en el aula

La manera de revisar las actuaciones y comprobar la efectividad de las mismas, se podría hacer a través de entrevistas sucesivas de control con el alumno en cuestión, la observación del progreso de sus calificaciones académicas, la entrevista posterior con la familia, y la escucha atenta a los comentarios de los alumnos ayudantes en su observación del clima de la clase. 

Con todo lo anterior se procuraría llegar a ese momento de cohesión de los alumnos de la clase, algo así como "que todos sean amigos"...



domingo, 13 de noviembre de 2016

Análisis de un caso: Almudena (número 2)

Almudena se encuentra en  una situación en la que se mezclan varios elementos: vive en una entorno donde todo el mundo se conoce, a su padre le han acusado de quedarse con parte del dinero de una cooperativa y se ha hecho amiga del "noviete" de una antigua compañera, que está claramente celosa de ella. 
Esta chica forma parte del ojo de un huracán en el que se mezclan además las redes sociales, en concreto, los chats de los móviles. Entre las acusaciones de ser hija de un ladrón y de robar novios, a Almudena le hacen el vacío o la insultan, en el instituto y a través del chat telefónico. 
En el caso de Almudena se dan principalmente el cyberbullyng y el acoso verbal y, en menor medida, el acoso físico en el contexto escolar. Uno y otro son dos caras de la misma moneda y no parece que se deban separar. Los espacios cambian, pero no las actitudes ni los contenidos, que tienen como efecto que Almudena se convierta en "nadie", como llegan a decirle, pues el objetivo de este acoso no es otro que el de anular a Almudena, transformarla en un fantasma, hacerle sentir sin importancia, borrar su presencia del espacio de convivencia.
Almudena paga en su persona un conflicto entre adultos (que las familias implicadas, seguramente, habrán creado acusando sin pruebas o no siendo capaces de solucionar un choque de intereses) y otro más personal con otra niña, causado por los celos, en el que se refleja el anterior como en un espejo. 
En cuanto a la respuesta del centro, la directora y la orientadora actúan con eficacia para intentar parar el acoso y sobre todo comprender en qué términos se está produciendo. 
El hecho de que el acoso se produzca en paralelo en un chat telefónico siempre crea incertidumbre: ¿cómo intervenir en conversaciones no del todo privadas, pero que se encuentran alojadas en objetos que sí lo son? 
En este caso, es importante la colaboración de las familias para dar su permiso y la colaboración de los niños acosados para dar a conocer una parte de su intimidad, que no debe restringirse a la misma puesto que tiene efectos individuales y colectivos, pues implica a varias personas y a la convivencia del propio centro. Y, lo más importante, a ellos mismos.
El uso de las redes sociales puede educarse en los centros pero también ha de hacerse en el ámbito adulto, pues los propios "mayores" son los primeros en desconocer unas reglas mínimas para moverse en estos ámbitos e incluso poner límites al manejo continuo de los dispositivos. Por lo que podría ser un asunto de carácter general y social, como la educación vial para prevenir accidentes a través de campañas preventivas.
Respecto a los alumnos implicados en esta situación, parece más que útil hacer una labor de mediación para favorecer la empatía con respecto a Almudena, que es la parte débil del conflicto. Esta mediación debería hacerse entre Almudena y cada uno de los implicados. 
Debería pensarse también en sancionar en algún grado la reiteración de estas conductas que implican lo verbal y lo físico en el contexto del instituto. 
En otro orden, habría que trabajar con el grupo-clase la gravedad de este tipo de situaciones mediante una serie de tutorías dedicadas a la cuestión, quizá de manera indirecta, con el objetivo de concienciar y prevenir.
En última instancia, lo importante es preservar la integridad moral y física de Almudena, parar el acoso, modificar actitudes, mejorar la empatía, y concienciar al resto de alumnos.




Presentación

Hace años, centros de la Comunidad de Madrid desarrollaron el programa "Convivir es vivir".

Ahora vuelve con nueva fuerza el asunto de la convivencia, porque, claramente, no fue suficiente el esfuerzo anterior.

 Nadie aspira a un mundo feliz, pero sí, quizás, a un mundo en el que haya menos infelicidad.


 El viaje comienza...