domingo, 13 de noviembre de 2016

Análisis de un caso: Almudena (número 2)

Almudena se encuentra en  una situación en la que se mezclan varios elementos: vive en una entorno donde todo el mundo se conoce, a su padre le han acusado de quedarse con parte del dinero de una cooperativa y se ha hecho amiga del "noviete" de una antigua compañera, que está claramente celosa de ella. 
Esta chica forma parte del ojo de un huracán en el que se mezclan además las redes sociales, en concreto, los chats de los móviles. Entre las acusaciones de ser hija de un ladrón y de robar novios, a Almudena le hacen el vacío o la insultan, en el instituto y a través del chat telefónico. 
En el caso de Almudena se dan principalmente el cyberbullyng y el acoso verbal y, en menor medida, el acoso físico en el contexto escolar. Uno y otro son dos caras de la misma moneda y no parece que se deban separar. Los espacios cambian, pero no las actitudes ni los contenidos, que tienen como efecto que Almudena se convierta en "nadie", como llegan a decirle, pues el objetivo de este acoso no es otro que el de anular a Almudena, transformarla en un fantasma, hacerle sentir sin importancia, borrar su presencia del espacio de convivencia.
Almudena paga en su persona un conflicto entre adultos (que las familias implicadas, seguramente, habrán creado acusando sin pruebas o no siendo capaces de solucionar un choque de intereses) y otro más personal con otra niña, causado por los celos, en el que se refleja el anterior como en un espejo. 
En cuanto a la respuesta del centro, la directora y la orientadora actúan con eficacia para intentar parar el acoso y sobre todo comprender en qué términos se está produciendo. 
El hecho de que el acoso se produzca en paralelo en un chat telefónico siempre crea incertidumbre: ¿cómo intervenir en conversaciones no del todo privadas, pero que se encuentran alojadas en objetos que sí lo son? 
En este caso, es importante la colaboración de las familias para dar su permiso y la colaboración de los niños acosados para dar a conocer una parte de su intimidad, que no debe restringirse a la misma puesto que tiene efectos individuales y colectivos, pues implica a varias personas y a la convivencia del propio centro. Y, lo más importante, a ellos mismos.
El uso de las redes sociales puede educarse en los centros pero también ha de hacerse en el ámbito adulto, pues los propios "mayores" son los primeros en desconocer unas reglas mínimas para moverse en estos ámbitos e incluso poner límites al manejo continuo de los dispositivos. Por lo que podría ser un asunto de carácter general y social, como la educación vial para prevenir accidentes a través de campañas preventivas.
Respecto a los alumnos implicados en esta situación, parece más que útil hacer una labor de mediación para favorecer la empatía con respecto a Almudena, que es la parte débil del conflicto. Esta mediación debería hacerse entre Almudena y cada uno de los implicados. 
Debería pensarse también en sancionar en algún grado la reiteración de estas conductas que implican lo verbal y lo físico en el contexto del instituto. 
En otro orden, habría que trabajar con el grupo-clase la gravedad de este tipo de situaciones mediante una serie de tutorías dedicadas a la cuestión, quizá de manera indirecta, con el objetivo de concienciar y prevenir.
En última instancia, lo importante es preservar la integridad moral y física de Almudena, parar el acoso, modificar actitudes, mejorar la empatía, y concienciar al resto de alumnos.




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